Las Historias de Nasrudin
Es mejor prevenir
El mullah Nasrudin llamó a su alumno preferido:
-Ve a sacar agua del pozo.
El chico se preparó para hacer lo que le había sido ordenado. Antes de partir, sin embargo, recibió un coscorrón.
-¡Y no andes con jugadores ni con personas vanidosas, o acabarás ofendiendo a Dios!
-¡Todavía no he salido de casa y ya me he llevado un coscorrón! El señor me está castigando por algo que no he hecho.
-Con las cosas importantes de la vida no se puede ser tolerante - dijo Nasrudin-. ¿De qué me serviría castigarte después de haber perdido tu alma?
La tarea más difícil
Uno de los niños que estudiaba con Nasrudin tenía una inquietud:
-¿Quién es el hombre más grande? ¿Aquel que ha conquistado un imperio? ¿Aquel que pudo hacerlo y renunció a su deseo? ¿O aquel que impidió que otro lo hiciera?
-No tengo ni la menor idea -respondió el sabio sufí-. Pero sí conozco una tarea mucho más difícil que las que acabas de citar.
-¿Y cuál es?
-Impedir que os pongáis a analizar lo que otros han hecho, e intentar que aprendáis a preocuparos de lo que vosotros mismos podéis hacer.
Cuándo dar y cuándo recibir
Nasrudin paseaba por el mercado cuando un hombre se le acercó.
-Sé que eres un gran maestro sufí -dijo-. Esta mañana mi hijo me ha pedido dinero para comprar una vaca. ¿Debo ayudarle?
-Esta no es una situación de emergencia, así que aguarda una semana antes de ayudar a tu hijo.
-Pero ahora estoy en condiciones de ayudarle. ¿Qué diferencia hay entre ayudarle ahora o dentro de una semana?
-Una diferencia muy grande -respondió Nasrudin-. La experiencia me ha demostrado que la gente sólo aprecia las cosas cuando se les hace dudar de si conseguirán o no lo que desean.
El pez que salvó una vida
Nasrudin pasó delante de una gruta, vio un yogui meditando, y le preguntó qué quería alcanzar con su búsqueda espiritual.
-Contemplo los animales, y he aprendido de ellos muchas lecciones que pueden cambiar la vida de un hombre.
-Pues a mí en una ocasión un pez me salvó la vida.
El yogui se quedó asombrado: ¡sólo a un santo podría salvarle un pez la vida! Le preguntó cómo había sucedido tal milagro, pero Nasrudin quería aprender antes todo lo que el yogui sabía.
El yogui, convencido de que se encontraba delante de un gran sabio, le enseñó lo que había aprendido a lo largo de aquellos años. Cuando hubo acabado, le rogó:
-Ahora que el señor conoce todo lo que la vida me enseñó, me gustaría que me contase cómo le salvó la vida el pez.
-Es muy sencillo -respondió Nasrudin-. Estaba muriéndome de hambre cuando lo pesqué, y gracias a él pude sobrevivir tres días más.
La conferencia
Entonces invitaron al gran maestro sufi, Nasrudin, a dar una conferencia,
Nasrudin fijó la conferencia a las dos de la tarde, y fué un éxito: se vendieron íntegramente los mil asientos y quedaron alrededor de seiscientas personas afuera que siguieron la disertación a través de un circuito cerrado de televisión.
A las dos en punto entró un subordinado de Nasrudin e informó que por motivos de fuerza mayor la conferencia se atrasaría. Algunos se levantaron indignados y pidieron que se les devolviera el dinero de la entrada y se fueron.
Pero aun permaneció mucha gente dentro y fuera de la sala.
Cuando el reloj marcó las cuatro de la tarde, el maestro sufi aún no había aparecido y la gente fue lentamente abandonando el local y recobrando el dinero de su entrada; al fin y al cabo el horario de trabajo estaba terminando y era hora de regresar a casa. Cuando dieron las seis de la tarde, los mil setecientos asistentes iniciales se habían reducido a menos de un centenar.
En ese momento, nasrudin entró. Parecía completamente borracho y empezó a decir tonterías de mal gusto a una bonita joven que estaba sentada en la primera fila. Pasada la sorpresa, los asistentes empezaron a indignarse: como después de hacernos esperar cuatro horas enteras, ese hombre se comportaba de tal manera, entonces se oyeron algunos murmullos de desaprobación, pero el maestro sufi no les dio ninguna importancia, sino que continuo, a voz en cuello, alabando el atractivo de la chica y convidándola a viajar con el a Francia.
Luego de proferir algunas palabrotas en contra de las personas que protestaban, Nasrudin intentó levantarse y cayó pesadamente al suelo. Indignadas, las personas asistentes decidieron marcharse ,diciendo que todo aquello no pasaba a ser puro charlatanismo y que irían a los periódicos a denunciar aquel espectáculo degradante.
Y así el grupo de ofendidos dejó el recinto. Nueve personas continuaron en la sala. Nasrudin se levantó; estaba sobrio, sus ojos irradiaban luz y había en torno de el un aura de respetabilidad y sabiduría:
- Vosotros los que os habéis quedado, sois los que me tenéis que oír – dijo nasrudin
- Habéis pasado por las dos pruebas más duras en el camino de la espiritual: la paciencia para esperar el momento adecuado y el coraje de no decepcionarse con lo que habéis encontrado. A vosotros os enseñare.



Gratos recuerdos...
Que gratos recuerdos de mi juventud, volver a leerlas historias de lMaestro Nasrudin, no hay ocación en mi vida que requiera de una respuesta profunda, que no me traiga a la mente su recuerdo y enseñanzas.
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